La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Leemos ahora con deleite los relatos sobre muchas pequeñas negociaciones de la Liga que, como observa el presidente Hénault, cuando tuvieron lugar no fueron probablemente consideradas noticias muy significativas. Pero él sostiene que todo hombre fantaseaba con ser una persona importante; y las innumerables memorias que nos han llegado de esa época fueron en su mayoría redactadas por individuos que disfrutaron registrando y magnificando acontecimientos de los que se enorgullecían de haber sido protagonistas principales. Es bien conocida la obstinación con que se defendió la ciudad de París entonces y la terrible hambruna que soportó antes de someterse al mejor y después al más querido de todos los reyes de Francia. El grueso de los ciudadanos, o los que gobernaban a la mayor parte de ellos, lucharon por defender su posición, que preveían perder si el antiguo gobierno era restablecido. Salvo que se induzca a nuestras colonias a consentir una unión, es muy probable que se defiendan contra la mejor de todas las metrópolis tan obstinadamente como la ciudad de París se defendió contra el mejor de los reyes.