La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Se ha demostrado en el segundo libro que el capital mercantil de cualquier país busca naturalmente, por así decirlo, la inversión más conveniente para ese país. Si es invertido en el comercio de tránsito el país al que pertenece se vuelve el emporio de los bienes de todos los países cuyo comercio es desarrollado por ese capital. Pero el propietario de dicho capital aspira a vender la mayor parte de esos bienes en su país. Se ahorra así la dificultad, el riesgo y el coste de la exportación y estará por ello encantado de venderlos en su país no sólo por un precio mucho menor sino a cambio de un beneficio menor que el que podría esperar conseguir si los remitiese al extranjero. Por eso procura naturalmente reorientar su comercio de tránsito hacia un comercio exterior de consumo. Si su capital está invertido en un comercio exterior de consumo, estará por la misma razón feliz de vender en su país la mayor parte de los bienes que recoge para exportar a mercados extranjeros, y por ello procurará cambiar su comercio exterior de consumo en comercio interior. El capital mercantil de cualquier país prefiere así la inversión cercana y se aparta de la inversión lejana, prefiere la inversión donde los rendimientos son frecuentes a aquella donde son distantes y lentos, prefiere la inversión en donde puede mantener una cantidad mayor de trabajo productivo del país al que pertenece, o donde reside el propietario, y se aparta de aquella donde puede mantener una cantidad menor. Prefiere naturalmente la inversión que en circunstancias normales es más ventajosa para el país, y se aparta de la que en condiciones normales es la menos ventajosa.