La riqueza de las naciones
La riqueza de las naciones Entre los seguidores de la Reforma, dispersos a lo largo y ancho de Europa, no había un tribunal general que, como el de la corte de Roma o un concilio ecuménico pudiese zanjar todas sus disputas y prescribir a todos con irresistible autoridad los límites exactos de la ortodoxia. Por lo tanto, cuando los partidarios de la Reforma en un país diferían de sus correligionarios en otro, como carecían de un juez común al que apelar, la cuestión nunca podía ser zanjada; y hubo entre ellos muchas controversias de esta naturaleza. Las más interesantes para la paz y el bienestar de la sociedad civil fueron las relativas al gobierno de la iglesia y al derecho a conferir beneficios eclesiásticos, que dieron lugar a las dos partes o creencias principales entre los reformadores: los luteranos y los calvinistas, las únicas cuya doctrina y disciplina han adquirido rango legal en algún lugar de Europa.