Electra
Electra CORO. —Ten confianza en mÃ; confÃa, hija. Aún está en el cielo el que observa y gobierna todas las cosas, el gran Zeus, a quien, si le transfieres el penosÃsimo resentimiento, ni estarás apenada en exceso por los que odias, ni los tendrás en olvido. Porque el Tiempo es divinidad que todo lo arregla, y ni el hijo de Agamenón, que está en la costa donde pacen bueyes, en Crisa, es indiferente, ni el dios que reina junto al Aqueronte.
ELECTRA. —Pero una gran parte de mi vida se me ha quedado ya atrás, sin que se cumplan mis esperanzas. Y no resisto más, yo que sin padres me consumo, sin que ninguna persona amiga proteja, sino que, igual que una extranjera indigna, soy una administradora de la casa de mi padre. AsÃ, con indecoroso vestido, vago en tomo a mesas vacÃas.
ESTROFA 3a
CORO. —Grito quejumbroso tras el regreso, quejumbroso también en el lecho paterno, cuando fue contra él lanzado el golpe frontal del hacha broncÃnea. Engaño fue el consejero, amor quien lo mató tras engendrar de manera terrible una terrible apariencia, ya sea una divinidad, ya un mortal el que ha realizado eso.