Electra
Electra Y ahora, pudiendo ser llamada hija del mejor de todos los padres, hazte llamar hija de tu madre, pues asà te mostrarás perversa ante los más por haber traicionado a tu padre muerto y a los tuyos.
CORIFEO.—Nada digas a impulsos de la cólera, ¡por los dioses! Porque en los discursos de ambas partes hay algo de provecho, si tú aprendes a hacer uso de las palabras de ésta y ella, a su vez, de las tuyas.
CRISÓTEMIS. —Yo, mujeres, de alguna manera estoy acostumbrada a las razones de ésta, y no le hubiera dicho nada, si no hubiera oÃdo que una tremenda desgracia se abate sobre ella, tal que la contendrá en sus largos lamentos.
ELECTRA. —Ea, dime eso tan terrible, pues, si me vas a anunciar algo peor que lo presente, no podrÃa objetarte.
CRISÓTEMIS. —Te diré todo cuanto yo sé: van a enviarte, si no cesas en estos lamentos, allà donde nunca verás el resplandor del sol, y habrás de cantar tus desgracias, mientras vivas, en un refugio abovedado, lejos de esta tierra. Ante esto medita y no te me quejes después, cuando lo padezcas. Ahora es un buen momento de juzgar con cordura.
ELECTRA. —¿Verdaderamente han decidido hacer eso conmigo?
CRISÓTEMIS. —SÃ, cuando Egisto vuelva a casa.