Electra
Electra ELECTRA. —Si es por este motivo, ¡ojalá volviera pronto!
CRISÓTEMIS. —¡Qué imprecación has hecho, desgraciada!
ELECTRA. —Que vuelva aquél, si tiene intención de hacer algo de esto.
CRISÓTEMIS. —¿Qué hace falta para que te muestres sensible? ¿Dónde está tu sentido común?
ELECTRA. —Me lleva a escapar lo más lejos posible de vosotros.
CRISÓTEMIS. —¿Y no haces mención de tu vida presente?
ELECTRA. —¡Pues es bella mi existencia como para admirarla!
CRISÓTEMIS. —Pero lo serÃa, si aprendieras a razonar con cordura.
ELECTRA. —No me enseñes a ser infiel a los mÃos.
CRISÓTEMIS. —No te enseño eso, sà a someterte a los que tienen el poder.
ELECTRA. —Halágales tú con esas razones. No le van a mi modo de ser.
CRISÓTEMIS. —Bueno es, sin embargo, no sucumbir por insensatez.
ELECTRA. —Sucumbiré, si es necesario, para vengar a mi padre.
CRISÓTEMIS. —Nuestro padre, lo sé, es capaz de perdonar.