Electra
Electra ELECTRA. —Esas son palabras para ser aplaudidas por cobardes.
CRISÓTEMIS. —¿Y tú no te persuadirás y estarás de acuerdo conmigo?
ELECTRA. —No, ciertamente. ¡Que nunca esté yo privada de juicio hasta ese punto!
CRISÓTEMIS. —En ese caso, me iré hacia donde me disponÃa.
ELECTRA. —¿Adonde te diriges? ¿A quién llevas esas ofrendas?.
CRISÓTEMIS. —Nuestra madre me envÃa a derramar libaciones sobre la tumba del padre.
ELECTRA. —¿Cómo dices? ¿Al que le es el más odiado de los hombres?
CRISÓTEMIS. —Al que dio muerte ella misma, pues es esto lo que quieres decir.
ELECTRA. —¿Por cuál de sus amigos ha sido persuadida? ¿A quién dio satisfacción con ello?
CRISÓTEMIS. —Según creo, a causa de un terror nocturno.
ELECTRA. —¡Oh dioses patrios! Socorredme al menos ahora.
CRISÓTEMIS. —¿Tienes alguna confianza en ese temor?
ELECTRA. —Si me cuentas la visión, te lo podrÃa decir.