Electra
Electra Aquél, estando justo al pie del último poste, acercaba una y otra vez el cubo de la rueda hasta rozarlo y, al tiempo que dejaba más suelto al caballo uncido de la derecha, retenía al que estaba en su lado. Al principio todos los carros estuvieron en pie, pero después los caballos del eniano se precipitan con fuerza, desbocados y, al volverse, terminando la sexta vuelta y ya en la séptima, chocan de frente con el carro barceo. Entonces, a causa de un solo infortunio, se destrozan y se caen unos sobre otros, y toda la llanura de Crisa se llenó de restos de carros volcados. Al darse cuenta, el diestro conductor de Atenas se aparta hacia afuera y se detiene, dejando que pasen por el centro los carros y caballos mezclados en confusión. Orestes, que mantenía los potros al final porque confiaba en la última vuelta, avanzaba el último. Pero cuando ve que ha quedado solo aquél, haciendo resonar un agudo chasquido en las orejas de los rápidos corceles, se lanza en su persecución.