Filoctetes
Filoctetes NEOPTÓLEMO. —Entérate de que nada sé de lo que me preguntas.
FILOCTETES. —¡Ah, soy muy desgraciado y odioso para los dioses! ¡A pesar de encontrarme en este estado, a ninguna parte han llegado noticias mÃas, ni a mi patria ni a sitio alguno de la tierra helena! Los que me abandonaron impÃamente se rÃen guardando silencio, mientras que mi dolencia no deja de crecer y va a más. ¡Oh hijo, oh muchacho nacido de tu padre Aquiles! Yo soy aquel de quien, tal vez, has oÃdo decir que es dueño de las armas de Heracles, Filoctetes, el hijo de Peante, al que los dos caudillos y el rey de los cefalonios abandonaron vergonzosamente, indefenso, cuando me consumÃa por cruel enfermedad, atacado por sangrienta mordedura de una vÃbora matadora de hombres. En compañÃa de mi mal, hijo, aquéllos me dejaron aquà solo y se marcharon una vez que atracaron aquà con la flota naval procedentes de la marina Crisa.
Entonces, tan pronto como vieron que yo estaba durmiendo después de la fuerte marejada, junto a la orilla, en una abovedada gruta, contentos me abandonaron y se fueron tras dejarme, como para un mendigo, unos pocos andrajos y también algo de alimento. ¡MÃnima ayuda que ojalá obtengan ellos!