Filoctetes
Filoctetes FILOCTETES. —¡Ay de mÃ! Me has nombrado a estos dos hombres, de los que en modo alguno hubiera querido yo oÃr decir que habÃan muerto. ¡Ay, ay! ¿Qué se puede esperar cuando ellos están muertos y Odiseo, en cambio, sigue viviendo allà donde debÃa ser anunciado como muerto en lugar de éstos?
NEOPTÓLEMO. —Es un hábil luchador aquél, sÃ, pero incluso las mentes hábiles tropiezan a menudo, Filoctetes.
FILOCTETES. —¡Ea, dime, por los dioses! ¿Dónde estaba, pues, Patroclo entonces, que era el más querido amigo de tu padre?
NEOPTÓLEMO. —También estaba muerto. En pocas palabras te lo contaré: las guerras, por su gusto, no se llevan a ningún malvado, sino siempre a los mejores.
FILOCTETES. —Estoy de acuerdo con tus palabras y, a propósito de esto mismo, te voy a preguntar por un hombre indigno, pero hábil e ingenioso con la palabra. ¿Cómo está ahora?
NEOPTÓLEMO. —¿A qué otro te refieres sino a Odiseo?
FILOCTETES. —No hablo de ése, sino que habÃa un tal Tersites que no solÃa contentarse con hablar una sola vez, aun cuando ninguno le dejaba. ¿Sabes si se encuentra vivo?
NEOPTÓLEMO. —No le he visto, pero me enteré de que aún vive.