Filoctetes
Filoctetes FILOCTETES. —¿Y cómo no? Ya que ninguna cosa mala ha perecido aún; al contrario, ¡bien les protegen los dioses! Y en cierta manera se alegran devolviéndonos del Hades a los perversos y ladinos, mientras que no dejan de enviar allà a los justos y honrados. ¿Cómo hay que entender esto y aprobarlo cuando, al tiempo que alabo las obras divinas, encuentro a los dioses malvados?
NEOPTÓLEMO. —Yo, ¡oh hijo de la patria etea!, en adelante tendré cuidado de no mirar sino de lejos a Ilión y a los Atridas, entre quienes puede más el depravado que el bueno, se pierden las virtudes y el despreciable es el amo; a esta clase de hombres yo jamás apreciaré. La rocosa Esciros me bastará de ahora en adelante, de suerte que encontraré deleite en el hogar. Y ahora me voy hacia la nave.
Y tú, hijo de Peante, pásalo bien, pásalo lo mejor posible. Que los dioses te saquen de tu enfermedad, como tú deseas. Partamos nosotros para que, tan pronto el dios nos conceda la posibilidad de navegar, en ese mismo momento salgamos.
FILOCTETES. —¿Ya estáis preparados para partir, hijo?
NEOPTÓLEMO. —El momento actual nos invita a considerar la partida no como algo distante, sino cercano.