Las traquinias

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Esta vez, sin embargo, como quien no existe ya, me dijo qué bienes del matrimonio debía yo tomar y también qué parte de tierra paterna dejaba para ser distribuida entre los hijos, y señaló por anticipado el tiempo diciendo que, cuando hubiera estado ausente del país un año y tres meses desde su partida, entonces debería o morir en ese momento, o, si superaba el término del plazo, pasar ya, en el futuro, una vida carente de penas. Decía que tales hechos, decretados por los dioses, pondrían fin a los trabajos de Heracles, según había anunciado, en cierta ocasión, la antigua encina en Dodona por boca de las dos sacerdotisas. Y la exactitud de estas profecías, de cumplirse, se comprueba en el día de hoy. De modo que, aunque dormía dulcemente, con miedo he saltado de la cama, mujeres, temerosa no sea que me haya de quedar privada del más noble de todos los hombres.

CORIFEO. —Contén ahora tus palabras, pues veo que un hombre se aproxima coronado en señal de buena nueva.

(Entra apresuradamente un mensajero.)

MENSAJERO. —Señora Deyanira, con mi mensaje seré el primero en liberarte del temor. Sabe que el hijo de Alcmena está vivo y victorioso y que trae, desde el combate, las primicias para los dioses locales.

DEYANIRA. —¿Qué palabras acabas de decirme, anciano?


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