Las traquinias

Las traquinias

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La casa que espera al esposo estallará en gritos de júbilo alrededor del hogar. Vaya, común, el canto de los jóvenes a Apolo protector, el de bella aljaba. Y al mismo tiempo vosotras, doncellas, entonad el peán, el peán. Clamad a su hermana Ártemis, de Ortigia, la flechadora de ciervos, la que porta una antorcha en cada mano, y a las Ninfas sus vecinas.

Yo me siento transportada y no desdeñaré la flauta, ¡oh dueño de mi alma! Mírame, la hiedra me perturba, ¡evohé, evohé!, trayéndome rivalidad báquica. ¡Ah, ah, Peán! Contempla, oh querida amiga, esto ante tus ojos. Te es posible verlo claramente.

(Entra Licas, seguido de un grupo de prisioneras entre las que se encuentra Yole.)

DEYANIRA. —Lo veo, amigas; no escapó a la vigilancia de mi mirada y no dejo de observar este cortejo. Y yo le digo públicamente al heraldo que se presenta tras mucho tiempo que se alegre, si es que también tú traes alegría.

LICAS. —Hemos llegado bien y bien somos acogidos, señora, como corresponde al feliz término de una acción. Es forzoso que el hombre que viene triunfante obtenga excelentes saludos.

DEYANIRA. —¡Oh queridísimo entre los hombres!, ante todo infórmame de lo que primero deseo, si recibiré a Heracles vivo.


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