Las traquinias
Las traquinias (Se va Licas y, al disponerse a hacerlo también la reina, la retiene el Mensajero, que ha permanecido en escena.)
MENSAJERO. —Primero espera aquà un poco para que te enteres, sin la presencia de éstos, a quiénes conduces adentro y para que conozcas lo que debes acerca de lo que nada has oÃdo. Pues sobre esto yo tengo información completa.
DEYANIRA. —¿Qué hay? ¿Por qué me detienes en mi marcha?
MENSAJERO. —Deténte y escúchame, pues no oÃste en vano, antes, mi discurso y, ahora, creo que tampoco.
DEYANIRA. —¿Llamamos aquà de nuevo a aquéllos, o quieres hablarme a mà y a éstas?
MENSAJERO. —A ti y a éstas, nada se opone; pero a ésos déjalos.
DEYANIRA. —Ya se han ido. Hazme saber tus palabras.
MENSAJERO. —Este hombre no ha hablado con imparcialidad y justicia en nada de lo que dijo hace un momento, sino que, o ahora es mentiroso, o antes era un mensajero desleal.
DEYANIRA. —¿Qué dices? Expónme con claridad todo lo que piensas, pues lo que me has dicho me es incomprensible.