Las traquinias
Las traquinias HERACLES. —¿Por quién? Un prodigio me has profetizado con estas funestas palabras.
HILO. —Ella por sà misma, y no por mano de un extraño.
HERACLES. —¡Ay de mÃ! ¿Antes de que, como era preciso, muriera a mis manos?
HILO. —CambiarÃa de parecer tu ánimo si supieras todo.
HERACLES. —Empezaste un extraño discurso. Dime en qué piensas.
HILO. —Esto es todo el asunto: se equivocó en su intento de hacer lo mejor.
HERACLES. —¿Hace lo mejor, oh perverso, matando a tu padre?
HILO. —Creyendo que te aplicaba un filtro amoroso cuando vio a la desposada dentro de la casa, se equivocó.
HERACLES. —¿Y quién es ese hacedor de fármacos entre los traquinios?
HILO. —Neso, el centauro, hace tiempo la convenció de que con ese filtro encenderÃa tu pasión.