Las traquinias
Las traquinias HERACLES. —¡Ah, ah, negro destino! ¡Me muero, infortunado! ¡Estoy perdido, estoy perdido! ¡Ya no hay para mà luz del sol! ¡Ay de mÃ, me doy cuenta en qué grado de desgracia nos hallamos! Vete, hijo mÃo, ya no tienes padre. Llama a todos mis hijos, tus hermanos. Llama a la infortunada Alcmena, en vano esposa de Zeus, para que estéis enterados por mà de la última predicción de los oráculos, pues yo ya la conozco.
HILO. —Tu madre no está aquÃ, sino que se ha ido a la costera Tirinto para establecer su residencia. Y de tus hijos, a unos se los ha llevado consigo ella misma para educarlos, mientras que otros te informo que habitan la ciudad de Tebas. Pero nosotros, los que estamos presentes, si hay que hacer algo, padre, obedientes te serviremos.