Tratado teológico-político
Tratado teológico-político Tampoco Moisés percibió con suficiente claridad que Dios es omnisciente y dirige todas las acciones humanas con su solo decreto. En efecto, aunque Dios le había dicho (ver Éxodo, 3,18) que los israelitas le obedecerían, lo pone en duda y replica (ver Éxodo, 4,1): ¿y si no me creen y no me obedecen? De ahí que también a él se le reveló Dios como indiferente y desconocedor de las acciones humanas futuras. Por eso le dio dos signos y le dijo (Éxodo, 4,8): si acaso no creyeran en el primer signo, creerán en el último; mas, si ni en el último creyeran, coge20 (entonces) un poco de agua del río, etcétera. Y, si uno quiere examinar sin prejuicios las frases de Moisés, verá claramente que su opinión acerca de Dios es que Dios es un ser que siempre existió, existe y existirá siempre; y, por eso, le da el nombre de Jehová[68], que en hebreo expresa estos tres tiempos de la existencia. Sobre su naturaleza, en cambio, no enseñó, sino que es misericordioso, benigno, etc., y sumamente celoso, como consta por innumerables pasajes del Pentateuco.