Heidi
Heidi Tras esta conversación la señorita Rottenmeier se sintió más tranquila y mandó al profesor junto a sus alumnas. Al final de la tarde se acordó del atuendo que Heidi llevaba cuando se disponía a marcharse. Decidió arreglar un poco su guardarropa, poniendo en él algunos vestidos de Clara, antes de que llegara el señor Sesemann. Se lo comentó a Clara, quien estuvo de acuerdo en regalarle muchos vestidos y sombreros. La señorita Rottenmeier fue a la habitación de Heidi para determinar lo que debía conservar y lo que era preciso tirar. Pero no tardó en volver con gesto horrorizado.
—¡Qué acabo de descubrir! ¡Adelaida! —exclamó— ¡Jamás vi cosa semejante! ¿Qué he encontrado en tu armario, un armario que sólo es para guardar ropa? He encontrado un montón de panecillos. ¡Panecillos, Clara, en el armario! ¡Y qué montón! ¡Tinette! —añadió abriendo la puerta—, vaya a sacar del armario de Adelaida todo el pan duro que hay allí y eche al mismo tiempo el sombrero de paja abollado que encontrará sobre la mesa.
—No, no —gritó Heidi—, quiero guardar mi sombrero y los panecillos también: son para la abuela.
Heidi quiso correr detrás de Tinette para impedírselo, pero la señorita Rottenmeier la retuvo cogiéndola de un brazo y diciéndole en un tono que no admitía réplica.