Heidi
Heidi Al franquear el umbral de la puerta para alejarse rápidamente, el doctor se halló frente a un obstáculo imprevisto: el viento fuerte que soplaba había hecho imposible que la señorita Rottenmeier continuara su paseo por la ciudad y acababa de llegar en aquel momento. El viento ahuecó el gran chal blanco en que la dama iba envuelta, lo cual dio la sensación de que había largado una vela. El doctor se echó rápidamente atrás, pero la señorita Rottenmeier, que siempre le había demostrado una consideración y una deferencia muy especiales, se retiró con la mayor cortesía, y así los dos permanecieron durante un largo rato frente a frente, insistiendo, con mudos ademanes, en cederse mutuamente el paso. Otra ráfaga de viento puso, de pronto, fin a la situación, empujando a la señorita Rottenmeier a toda vela sobre el doctor. Éste no tuvo más que el tiempo justo para apartarse, y la dama, con la fuerza del empuje, fue a parar mucho más allá del umbral, por lo que se vio obligada a volver sobre sus pasos para saludar convenientemente al amigo de la casa.