Heidi
Heidi —Yo soy… yo he… yo mismo no sé bien… ¡Ah!, sÃ, ahora recuerdo: acabo de pasar casualmente por el comedor y he oÃdo pronunciar el nombre de la señorita y, como son las cosas, de un pensamiento viene otro y… de este modo…
—Bien, bien, Sebastián —interrumpió el doctor sonriendo—, y cuantos más pensamientos se tienen, más se sabe, ya lo sé. Hasta la vista, Sebastián, y descuide, que yo transmitiré sus saludos.