Heidi

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De vuelta a los prados, Heidi se apresuró a ir en busca del saquito de la comida y se dispuso a cumplir la promesa, pues al amenazar a Pedro sólo había querido decir que lo dejaría sin comida. Al ver, por la mañana, los manjares exquisitos que el abuelo había puesto en el saquito, a Heidi la complació la idea de que una parte de ellos sería para Pedro. Mas en vista de su obstinación, quiso darle a entender que no probaría aquellas cosas tan ricas, cosa que Pedro interpretó de modo muy diferente. Heidi vació el contenido del saquito y trozo a trozo formó tres pilas iguales. Viendo lo altas que eran, exclamó con alegría:

—¡Además, Pedro tendrá todo lo que a nosotras nos sobre!

Después dio sus dos raciones a sus dos compañeros y se sentó con la suya al lado de Clara. Los tres comieron con gran apetito a causa del inusitado ejercicio realizado aquella mañana. Llegó, sin embargo, lo que Heidi había previsto. Cuando a Clara y a ella se les había terminado el apetito, quedaba todavía una segunda ración para Pedro, tan abundante como la primera. Éste se lo comió todo en silencio y aún recogió las migajas, pero no mostró su habitual satisfacción. Algo pesaba en su estómago y le oprimía la garganta a cada bocado.


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