La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma «Van a ser los de a pie los que agarren mi caballo por la brida» —pensó Fabricio—; pero cuando estuvo más cerca, vio que también ellos estaban heridos.
—¡Por su honor! —dijo el oficial, que llevaba charreteras de coronel—, quédese aquà de guardia y ordene a todos los dragones, cazadores y húsares que vea que se reúnan conmigo, con el coronel Le Baron; yo estaré en la venta.
El viejo coronel tenÃa el rostro crispado de dolor. Desde sus primeras palabras habÃa ganado la voluntad de nuestro héroe, que muy razonablemente le contestó:
—Soy muy joven, señor, para hacerme obedecer; mejor serÃa que tuviera una orden escrita por usted.
—Tiene razón —dijo el coronel, observándolo con atención; La Rose, tú que tienes la mano en condiciones, escribe la orden.