La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Armado con la pistola de arzón del sargento, Fabricio había vuelto orgullosamente a su guardia, cuando vio que llegaban siete húsares a caballo. Se había colocado impidiendo el paso al puente. Les informa de la orden del coronel; reaccionan con ademán de contrariedad; el más atrevido trata de pasar; Fabricio, siguiendo el consejo sabio de la cantinera que la mañana anterior le había dicho que había que clavar y no esgrimir, baja la punta de su gran sable recto y hace ademán de asestar un golpe al que quiere saltarse la orden.
—¡Vaya hombre! ¡El novato quiere matarnos! —gritan los húsares—. ¡Como si no nos hubieran matado bastante ayer!