La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma 4.° Por último —añadió el canónigo, no sin cierta malicia—, es muy, muy conveniente que corteje descaradamente a alguna de las guapas mujeres del pueblo, de la nobleza local, naturalmente. Esto demostrará que no tiene el talante sombrÃo y resentido del aprendiz de conspirador.
Antes de acostarse, la condesa y la marquesa escribieron a Fabricio sendas interminables cartas, en las que le daban razón, con encantadora ansiedad, de todos los consejos dados por Borda.