La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma La señora Pietranera se enteró de cosas curiosas, sumamente interesantes en su rareza. «El conde Mosca della Rovere Sorezana —le dijeron— está a punto de convertirse en primer ministro y en el hombre de confianza oficial del prÃncipe Ranucio Ernesto IV, soberano absoluto de Parma y uno de los prÃncipes más ricos de Europa. En realidad, el conde ocuparÃa ya dicho puesto máximo si hubiese adoptado un talante más serio; dicen que el prÃncipe le llama a menudo la atención a este propósito».
—¿Qué le importan mis maneras a Vuestra Alteza —le contestaba él con desenvoltura— mientras resuelva convenientemente sus asuntos?
—La estrella de este favorito —añadÃa el confidente de la condesa— no deja de tener sus sombras. Tiene que complacer a un soberano sereno e inteligente, no hay duda de ello, pero a quien la accesión al trono absoluto parece haber trastornado; entre otras cosas, abriga resquemores más propios de una mujercilla.