La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma A su regreso al formidable palacio, construido por sus antepasados más belicosos, Fabricio no tenía otra clase de saber que la que pueda corresponder al ejercicio físico y a montar a caballo. El conde Pietranera, tan encariñado con el muchacho como su mujer, le hacía montar muy a menudo y se lo llevaba consigo a los desfiles.