La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Cuando Fabricio llegó al castillo de Grianta, con los ojos aún enrojecidos por el llanto que le produjo tener que abandonar los preciosos salones de su tía, sólo encontró las caricias tiernas de su madre y de sus hermanas. El marqués se encerraba en su despacho con el marchesino Ascanio, el primogénito. Elaboraban allí cartas cifradas que tenían el honor de ser enviadas a Viena; padre e hijo no salían del aposento más que a las horas de las comidas. El marqués repetía con afectación que enseñaba a su sucesor a llevar por partida doble las cuentas de la producción de cada una de sus tierras. En realidad, el marqués era demasiado celoso de su poder como para hablar de tales asuntos con un hijo, aunque fuera el heredero de todas las tierras del mayorazgo. Lo tenía dedicado a cifrar los despachos, de quince a veinte páginas, que dos o tres veces por semana hacía llegar a Suiza, desde donde se remitían a Viena. El marqués pretendía informar a sus soberanos legítimos de la situación interior del reino de Italia, situación que ignoraba por completo, y, aun así, sus cartas tenían mucho éxito. Véase cómo lo hacía. El marqués enviaba a algún agente de su confianza a contar el número de soldados de tal o cual regimiento francés o italiano que cambiaba de guarnición y que se desplazaba por la carretera general; en su informe a la corte de Viena tenía buen cuidado de disminuir en más de una cuarta parte el número de los soldados en cuestión. Estas cartas, por ridículas que fueran, tenían el mérito de desmentir otras más verdaderas, por lo que eran recibidas con agrado. Y, así, poco antes de la llegada de Fabricio al castillo, el marqués había recibido la placa de una orden famosa, la quinta que adornaba su uniforme de chambelán. A decir verdad, tenía la pesadumbre íntima de no atreverse a lucir dicho uniforme fuera de su gabinete; aunque no se permitía dictar un solo despacho sin llevar puesta su casaca bordada, con todas sus órdenes prendidas. Le habría parecido una falta de respeto actuar de otro modo.