La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma En aquel momento Fabricio entraba en la plazuela de la iglesia; con sorpresa rayana en el delirio vio que, en el segundo piso del antiguo campanario, la ventana estrecha y alargada estaba iluminada por la linternilla del abate Blanes. El abate tenía la costumbre de ponerla allí, cuando subía a la jaula de tablas que constituía su observatorio, con el objeto de que el reflejo no le impidiera leer en su planisferio. Tenía extendido este mapa del cielo en un macetón de arcilla que en otro tiempo había contenido un naranjo del castillo. En el agujero del fondo ardía la lamparilla más pequeña que quepa imaginar, un tubito de hojalata sacaba el humo de la maceta, y la sombra del tubo indicaba el norte en el mapa. Todos estos recuerdos de cosas tan sencillas embargaron de emoción el alma de Fabricio y la llenaron de felicidad.