La Cartuja de Parma

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—Ha hablado como un académico —exclamó el conde, riendo—; estupenda la jugada que nos ha contado, pero ocasiones pintiparadas, como ésa, para hacer cosas sutiles sólo se presentan cada diez años. Un individuo, aunque sea un poco estúpido, que esté siempre atento a cuanto sucede y que no deje ni un instante de ser prudente puede darse muchas veces el gusto de derrotar a hombres imaginativos. Por una locura de la imaginación se rindió Napoleón al prudente John Bull, en vez de intentar llegar a América. No debió de reírse poco John Bull, tras su mostrador, con la carta en que le cita a Temístocles. Los viles Sanchos acaban siempre ganando a los sublimes Quijotes. Si usted se conforma con no hacer nada extraordinario, seguro que será un obispo muy respetado, si no muy respetable. Con todo, sigo haciéndole el reparo que le hacía antes: Vuestra Excelencia ha actuado con ligereza en el asunto del caballo, le ha faltado un pelo para acabar en una prisión perpetua.

Aquellas últimas palabras hicieron estremecer a Fabricio, lo dejaron en un asombro profundo. «¿Sería ésa la prisión, se decía, con que estoy amenazado; y ése, el crimen que no debía cometer?». Las predicciones de Blanes, de cuyo carácter profético se burlaba tanto, tomaban a sus ojos toda la importancia de verdaderos presagios.


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