La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma —¡Eh! ¿Qué te pasa? —le dijo la duquesa extrañada—; te has quedado enfrascado en pensamientos negros con lo que te ha dicho el conde.
—Estoy iluminado con una verdad nueva y, en vez de rebelarme contra ella, mi espÃritu la hace suya. ¡Es verdad que he estado muy cerca de caer en la cárcel para siempre! ¡Pero el criado aquel estaba tan guapo con su uniforme a la inglesa! ¡Hubiera sido una lástima matarlo!
Al ministro le encantó la cara de sensatez que ponÃa.
—Está muy bien de todos modos —dijo, mirando a la duquesa—. Tengo que decirle, amigo mÃo, que ha hecho una conquista, posiblemente la más apetecible.
«¡Vaya!, pensó Fabricio, ahora viene una broma sobre la pequeña Marietta». Pero se equivocaba; el conde prosiguió: