La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma —¡Santo cielo! ¡Ha estado usted en Ferrara! ¡Yo también, y estuve buscándole por todas partes! Incluso discutà con la vieja porque querÃa llevarme a Venecia, adonde yo sabÃa que usted no irÃa nunca, por estar en la lista negra de los austriacos. Vendà mi collar de oro para venir a Bolonia. TenÃa el presentimiento de que lo encontrarÃa aquÃ. La vieja llegó dos dÃas después que yo. Asà que no le invitaré a casa, para que no le asalte con sus descaradas peticiones de dinero que me dan tanta vergüenza. La verdad es que hemos vivido muy bien desde el dÃa terrible que usted sabe, y no hemos gastado ni la cuarta parte de lo que usted nos dio. No me gustarÃa ir a verlo a la posada del Peregrino, porque serÃa dar tres cuartos al pregonero. Mire de alquilar algún cuartito en una calle desierta, y a la hora del Ave MarÃa (a la caÃda de la tarde), yo estaré aquÃ, en este mismo portal.
Y dichas estas palabras, se marchó corriendo.