La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma En el amor de la guapa Marietta Fabricio encontraba todo el encanto que pueda proporcionar la amistad más tierna, y esto le llevaba a pensar en la felicidad del mismo orden que habrÃa podido encontrar junto a la duquesa. «¿No es una broma —pensaba en ocasiones— que no logre tener yo esa preocupación exclusiva y apasionada que llaman amor? ¿Acaso he encontrado, entre todas las mujeres que el azar me ha deparado conocer, de Novara a Nápoles, una sola cuya presencia, ni siquiera en los primeros dÃas, me resultara preferible a un paseo en algún bonito caballo nuevo? ¿No será también una mentira en sà eso que llaman amor? Es verdad que amo, ¡pero igual que tengo gana de comer a las seis! ¿No será que unos grandes embaucadores han convertido tal inclinación, un tanto vulgar, en el amor de Otelo, en el amor de Tancredo? ¿O tendré que pensar que estoy hecho de un modo distinto al de los demás hombres? En tal caso, mi alma carecerÃa de una pasión, ¿pero por qué? ¡Qué extraño destino!».