La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma —Si aprecia usted la vida —le dijo el conde aquella misma noche cuando la despedÃa después de la función— actúe de tal modo que yo no me entere jamás de que el joven prÃncipe ha entrado en su casa. Contra él nada puedo, ¡maldita sea!, pero no haga nada que me recuerde que contra usted lo puedo todo.
«¡Ay, Fabricio mÃo —suspiró Fausta—, si yo supiera dónde encontrarte!».