La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma —Lo más importante de todo es el secreto —le gritó el prÃncipe sin saludar, tratándolo como a un chiquilicuatre, él que tan cortés era con todo el mundo—. ¿De qué fecha es la sentencia?
—De ayer por la mañana, Alteza SerenÃsima.
—¿Cuántos jueces la firman?
—Los cinco.
—¿Y la pena?
—Veinte años de fortaleza, como me habÃa dicho Vuestra Alteza SerenÃsima.
—La pena de muerte hubiera crispado los ánimos —dijo el prÃncipe, como si hablara para s×. ¡Qué pena! ¡Menudo efecto le hubiera causado a esa mujer! Pero es un del Dongo, el suyo es un nombre venerado en Parma, con tres arzobispos de la familia casi sucesivos… ¿Veinte años de fortaleza, dice?
—SÃ, Alteza SerenÃsima —respondió el fiscal Rassi, de pie y doblado por la cintura—, veinte años, tras una previa petición pública de perdón ante el retrato de Su Alteza SerenÃsima; además, dada la notoria impiedad del sujeto, la condena incluye ayuno a pan y agua todos los viernes y vÃsperas de las principales fiestas. Todo ello pensando en el futuro y con la finalidad de arruinar su fortuna.
—Escriba —dijo el prÃncipe—: