La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Su Alteza SerenÃsima, tras haberse dignado escuchar con benevolencia las muy humildes súplicas de la marquesa del Dongo, madre del culpable, y de la duquesa Sanseverina, su tÃa, que han expuesto que en el momento del crimen su hijo y sobrino era muy joven y estaba enajenado por una loca pasión concebida por la mujer del desventurado Giletti, ha tenido a bien, pese al horror que inspira un crimen semejante, conmutar la pena a que ha sido condenado Fabricio del Dongo por la de doce años de prisión en la fortaleza.
—Deme para que firme.
El prÃncipe firmó y puso la fecha de la vÃspera. Devolvió luego la sentencia a Rassi y le dijo:
—Escriba inmediatamente debajo de mi firma:
Habiéndose arrodillado otra vez ante Su Alteza la duquesa Sanseverina, el prÃncipe permite que todos los jueves el culpable tenga una hora de paseo por la plataforma de la torre cuadrada, vulgarmente denominada torre Farnesio.
—FÃrmelo —continuó el prÃncipe— y, por encima de todo, mantenga la boca cerrada, independientemente de lo que oiga decir por la ciudad. Al consejero De Capitani le dirá que ha votado por dos años de fortaleza, que incluso ha discurseado a favor de tan ridÃcula pena, y que yo le animo a que vuelva a leer las leyes y sus reglamentos. Una vez más, silencio y adiós.