La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma El fiscal Rassi hizo con mucha lentitud tres profundas reverencias, que el príncipe ni miró.
Esto sucedía a la siete de la mañana. Unas horas más tarde, la noticia del destierro de la marquesa Raversi se extendía por la ciudad y por los cafés; tan importante acontecimiento se convirtió en el único tema de conversación. El destierro de la marquesa alejó de Parma por algún tiempo a ese enemigo implacable de las ciudades pequeñas y de las cortes pequeñas: el aburrimiento. El general Fabio Conti, que ya se había creído primer ministro, estuvo varios días sin salir de su fortaleza pretextando sufrir un ataque de gota. Burgueses primero y menestrales después, concluyeron que lo que pasaba era que el príncipe había decidido nombrar arzobispo a Monseñor del Dongo. Los finos políticos de café llegaron incluso a asegurar que al padre Landriani, el actual arzobispo, se le había invitado a fingir una enfermedad y a presentar la dimisión. Se le había concedido una espléndida pensión vinculada a la fábrica de tabaco, estaban absolutamente seguros de ello. El rumor llegó hasta el arzobispo, que se asustó mucho, y durante algunos días su preocupación por nuestro héroe se mitigó muy considerablemente. Dos meses más tarde tan curiosa noticia se reflejaba en los periódicos de París, ligeramente modificada: quien iba a ser hecho arzobispo era el conde Mosca, sobrino de la duquesa Sanseverina.