La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Después de ciento treinta y cinco días de estar encarcelado en una celda bastante estrecha, Fabricio tuvo la agradable sorpresa de que el bueno de don César, el capellán de la ciudadela, fuera a buscarle un jueves para dar un paseo por el baluarte de la torre Farnesio. Apenas había pasado diez minutos al aire libre, cuando Fabricio se sintió mal.
Este incidente le sirvió de pretexto a don César para conseguir que le fuera permitido a Fabricio dar un paseo diario de media hora. Estos paseos frecuentes sirvieron para que nuestro héroe recuperara enseguida unas fuerzas de las que abusó.