La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Clelia no pudo contestar, lo miró y prorrumpió en llanto. Si él hubiera podido hablar con ella de cerca, probablemente hubiera obtenido en aquel momento la confesión de sus sentimientos; aquellos sentimientos respecto de los cuales no tenía ninguna seguridad, lo que tan a menudo le sumía en profundo desconsuelo. Sentía vivamente que sin el amor de Clelia la vida no sería para él sino un encadenamiento de disgustos amargos o de tedios insoportables. Estaba convencido de que no merecía la pena vivir para volver a encontrarse con los mismos goces que le habían parecido interesantes antes de haber conocido el amor y, aunque el suicidio no estuviera de moda en Italia todavía, había pensado que podría ser un recurso si el destino lo separaba de Clelia.
Al día siguiente recibió una larga carta suya.