La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma —Pero, amiga mÃa, me parece que no tenemos otra opción que la de los pensamientos negros. ¿Qué será de usted, qué será de mÃ, si a Fabricio lo mata alguna enfermedad?
Siguió una discusión encendida sobre el asunto, y la duquesa la concluyó diciendo:
—Rassi debe la vida a que yo lo quiero a usted más que a Fabricio. No, no quiero envenenar todas las veladas de la vejez que vamos a pasar juntos.
La duquesa corrió a la fortaleza. Y el general Fabio Conti tuvo la satisfacción de poder oponer a sus deseos el texto formal de las leyes militares: nadie puede penetrar en una prisión del Estado sin una orden firmada del prÃncipe.
—¿No vienen el marqués Crescenzi y sus músicos todas las noches?
—Porque he obtenido para ellos un permiso del prÃncipe.