La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Empezó el día quemando el título de conde extendido a favor de Rassi, que tenía encima de la mesa desde hacía un mes. Destituyó al general Fabio Conti y le pidió al coronel Lange, su sucesor, un informe sobre el asunto del veneno. Lange, un valiente militar polaco, presionó a los carceleros, e informó al príncipe de que habían querido envenenar el almuerzo del Sr. del Dongo, pero para ello hubiera hecho falta que estuvieran en el secreto muchas personas; para la cena se tomaron más hábiles medidas y, sin la llegada del general Fontana, el Sr. del Dongo hubiera estado perdido. El príncipe quedó consternado; pero, como estaba muy enamorado, supuso para él cierto consuelo la posibilidad de decirse: «La realidad es que, a fin de cuentas, le he salvado la vida del Sr. del Dongo, y la duquesa no se atreverá a faltar a la palabra que me ha dado». Aún se le ocurrió esta otra idea: «Este oficio mío es mucho más difícil de lo que pensaba; todo el mundo piensa que la duquesa tiene una inteligencia excepcional, y ello hace que coincidan la conveniencia política y mi corazón. Para mí sería divino que ella quisiera ser mi primer ministro».
Por la noche, el príncipe estaba tan irritado con los horrores que había descubierto que no quiso intervenir en la comedia.