La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma —Adelante usted la boda de la hija del general con el marqués Crescenzi, y yo le doy mi palabra de que haré cuanto esté en mi mano para que el general sea recibido como si volviera de un viaje. Lo invitaré a cenar, ¿le parece a usted bien? Indudablemente habrá cierta frialdad al principio, y el general no deberá tener prisa en pedir su cargo de gobernador de la ciudadela. Pero ya sabe usted que tengo amistad con el marqués y no voy a guardarle ningún rencor a su suegro.
Armado con estas palabras, don César fue a decirle a su sobrina que tenÃa en sus manos la vida de su padre, enfermo de desesperación. Llevaba varios meses sin aparecer por ninguna corte.