La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Clelia fue a ver a su padre, que se había refugiado en una aldea de las proximidades de Turín con un nombre supuesto, pues se había imaginado que la corte de Parma pedirla su extradición a la de Turín para juzgarlo. Se lo encontró enfermo y casi loco. Aquella misma noche escribió a Fabricio una carta de ruptura definitiva. Cuando recibió la carta, Fabricio, que iba teniendo un carácter sumamente parecido al de su amante, se retiró al convento de Velleja, en el monte, a diez leguas de Parma. Clelia le había enviado una carta de diez páginas; anteriormente le había jurado que nunca se casaría con el marqués Crescenzi sin su consentimiento, ahora se lo pedía. Fabricio, desde su recóndito retiro en Velleja, se lo concedió en una carta impregnada de la más pura amistad.
Cuando recibió esta carta, de la que, preciso es admitirlo, aquello de la amistad la irritó, la propia Clelia fijó la fecha de su boda, cuyas fiestas aumentaron aún más el esplendor con que brilló aquel invierno la corte de Parma.