La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Indiscutiblemente, la persona más importante del salón Crescenzi era el caballero Foscarini, un hombre absolutamente honrado, como lo demostraba el hecho de que hubiera pasado algún tiempo en la cárcel bajo todos los regímenes. Era uno de los miembros de la famosa cámara de los diputados que, en Milán, rechazó la ley de registro presentada por Napoleón, un gesto sorprendente en la historia. El caballero Foscarini, tras haber sido veinte años el amigo de la madre del marqués, había seguido siendo el hombre influyente en la casa. Siempre tenía alguna anécdota divertida que contar, y nada se escapaba a su perspicacia; la joven marquesa, que en el fondo del corazón se sentía culpable, temblaba en su presencia.
Del mismo modo que a Gonzo lo dominaba la pasión por los grandes señores que le dijeran groserías y le hicieran llorar una o dos veces al año, lo dominaba la manía de tratar de hacerles pequeños servicios, y si no lo hubieran tenido paralizado las costumbres que impone la extrema pobreza, hubiera alcanzado algún éxito, pues, junto a no carecer de cierto ingenio, disponía de una gran desfachatez.