La Cartuja de Parma
La Cartuja de Parma Como será fácil colegir tras nuestra descripción, a Gonzo le inspiraba bastante desprecio la marquesa Crescenzi, pues jamás le había dirigido una sola palabra descortés. Pese a ello, era la esposa del famoso marqués Crescenzi, caballero de honor de la princesa y que, una o dos veces al mes, le decía: «¡Cállate, Gonzo, eres un animal!».
Gonzo se dio cuenta de que en cuanto se contaba algo de la pequeña Anetta Marini, la marquesa salía por un instante del estado de ensueño y ensimismamiento en que habitualmente estaba sumida hasta que sonaban las once, momento en que preparaba té y lo servía a cada uno de los presentes llamándolo por su nombre. Después, en el momento de retirarse, parecía recuperar unos instantes de alegría; era el momento que alguno de los visitantes aprovechaba para recitarle sonetos satíricos.