Lamiel
Lamiel —Todo eso que crees, todo lo que te dicen hoy y que te hace tan encantadora lo echa a perder un reflejo de todas las estupideces que el bueno de Hautemare y su mujer te han presentado como verdades respetables. La naturaleza te ha dado una gracia encantadora y una especie de alegrÃa que se comunica, sin pretenderlo tú, a las personas que tienen la fortuna de oÃrte. Ahà tienes a la duquesa, carece de sentido común y, sin embargo, si fuera todavÃa bonita, resultarÃa una mujer agradable; pues bien, tú la has conquistado hasta el punto de que no hay sacrificio que ella no aceptara con gozo por conservar la felicidad de pasar las veladas contigo. Pero tu posición es peligrosa; las sirvientas tramarán contra ti la más negra conjura; madame Anselme, sobre todo, cambia de cara con sólo oÃr una palabra de elogio de ti. El señor cura Du Saillard está acostumbrado a triunfar en todo lo que se propone; si se une con las criadas, estás perdida, pues posees todas las gracias imaginables, pero tu juventud carece todavÃa de criterio; no sabes razonar. En este aspecto, yo podrÃa serte de alguna utilidad; pero tu enfermedad va a desaparecer en seguida; entonces ya no tendré pretexto para verte y puedes cometer grandes torpezas, Si yo estuviera en tu lugar me gustarÃa adquirir ese criterio que te falta: es un trabajo de un mes o dos.