Lamiel
Lamiel Esta costumbre del doctor le daba muy buen resultado con las mujeres.
Lo primero que hacía era aislarlas con el pretexto de enfermedad; por este sencillo medio, las sumía en el aburrimiento; luego las entretenía con sus mil atenciones y a veces llegaba a hacer olvidar su propia deformidad. Para descanso de su vanidad, tenía la saludable costumbre de no contar sus derrotas, sino solamente sus triunfos, «Con mi tipo —se había dicho—, de cada cíen mujeres a quienes me dirija, no puedo esperar más que dos triunfos». Y sólo se afligía cuando no llegaba a la tasa.