Lamiel
Lamiel —Reconozca, señora, una cosa muy buena: esta torre le cuesta cincuenta o cincuenta y cinco mil francos a lo sumo y le produce por lo menos cien mil francos de satisfacción. La vanidad de los hidalgüelos que la rodean se ha tenido que dar por vencida, y rinden homenaje al alto rango en que la puso la Providencia. DÃgnese invitarlos a una gran comida para inaugurar la torre de Albret. (Le habÃan puesto este nombre en honor del mariscal).
Sansfin llevaba varios meses trabajando por la reconciliación de la nobleza de la comarca con el humor un poco raro de la duquesa. Hizo penetrar en todos los castillos la especie de que la supuesta altivez que les habÃa molestado no era verdaderamente tal altivez, sino simplemente un mal hábito contraÃdo en ParÃs y que, por lo demás, a la duquesa comenzaba a parecerle ridÃculo.