Lamiel
Lamiel Los árboles de la pradera se iluminaron de pronto, inesperadamente, y comenzó el baile de las campesinas, El salón más alto de la torre, el del quinto piso, se reservó para que las damas cambiaran de traje, según lo exigía el baile improvisado. Durante la media hora que dedicaron a este menester, el doctor explicaba a los hidalgos de la comarca cómo, sin propósito preconcebido, la torre de Albret resultaba una fortaleza difícil de tomar.
—Vuestros antepasados, señores, entendían de cosas de guerra, y, como los albañiles han seguido exactamente el plano de la torre vieja, sin pensar que preparaban cadenas para la clase baja, han hecho una fortaleza que podrá servir de refugio a todas las personas decentes, si alguna vez los jacobinos tornaran a quemar los castillos.
Esta consoladora idea completó el encanto de la jornada. Las damas bailaron desde las ocho de la noche hasta las doce, y sus maridos, muy interesados por la torre, no pensaron hasta muy tarde en mandar enganchar los caballos a los carruajes. Los campesinos bailaron hasta el amanecer. El doctor había montado a caballo y había hecho llevar a la pradera barriles de cerveza y hasta de vino.