Lamiel
Lamiel «¡Qué diferencia —se decía— entre esta figura y la de Sansfin! Yo le preguntaba qué es el amor, y él, sin querer, me lo ha enseñado. Tengo que decidirme. ¿Siente amor por mí? Me ve todos los días y siempre con vivísima alegría; me habla con un afecto sincero y vivo. Por ejemplo, estoy segura de que prefiere hablar conmigo a hablar con la duquesa, y sin embargo, ¡la duquesa sabe tantas cosas y tiene un modo de hablar tan agradable para la persona a quien dirige la palabra! Sí, pero Sansfin dice que la maldad que hay en el corazón de una mujer se pinta siempre en su cara, y la duquesa es mala; el otro día, cuando la condesa de Sainte-Foi volcó al volver de aquí a su casa, la duquesa se alegró, mientras que a mí se me saltaron las lágrimas; estoy segura de este mal sentimiento de la duquesa, pues madame Anselme lo notó lo mismo que yo y bromeaba sobre ello con su compañera. Pero, suponiendo que el abate Clément sienta amor por mí, volvemos a lo mismo: ¿qué es amor?».