Lamiel
Lamiel Todo lo que acabamos de decir sobre Lamiel sería completamente imposible en esas jóvenes campesinas peripuestas que van los domingos al baile de su pueblo. Como este baile estaba completamente cercado de parejas que paseaban bajo los árboles tiernamente cogidas de la mano, Lamiel no dejó de observarlas, y esta manera de exhibirse le pareció chocante; esto era lo único que sabía del amor cuando volvió a la choza. Por entonces, el bueno de Hautemare se creyó en el deber de explicarle más claramente el peligro. Le habló a menudo del enorme pecado que era ir a pasear al bosque con un joven.
«Bueno, pues iré a pasear al bosque con un joven», se dijo Lamiel. Tal fue el resultado de las largas reflexiones que siguieron a su conversación con el abate Clément.